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martes, 2 de febrero de 2016

Para los que irán a la FIO. La fresneda del Malvecino. Parque Nacional de Monfragüe.

Viejos fresnos trasmochos y tamujos ramoneados.

Siempre he pensado que ser una referencia mundial para la observación de rapaces predispone al visitante, que corre el riesgo de no valorar este espacio en toda su justa medida. Un ejemplo: Monfragüe da cobijo a una de las mejores colecciones de bosques de ribera mediterráneos de Extremadura. No es un pensamiento original mío, pues ya Unamuno, tan poco dado a los excesos de flores, consideró los sotos del río Tajo a su paso por Monfragüe como uno de los lugares más idílicos de España. Los embalses acabaron con eso y los ciervos causan muchos daños a lo que sobrevivió, pero, con todo, los bosques ribereños de los arroyos Riofrío, del Cubo o Calzones siguen siendo de lo mejor de Extremadura.



Las fresnedas mesomediterráneas luso-extremadurenses son uno de los bosques más castigados por la mano del hombre. Sin duda, el hecho de distribuirse en buena medida a lo largo de los cauces que cruzan las mejores tierras agrícolas tiene la culpa de ello. De hecho, hoy día en demasiadas ocasiones consideramos la presencia de este tipo de bosque cuando encontramos algún fresno testimonial a lo largo de un cauce desnudo, en una labor casi forense.

Pasarelas de madera en la zona más angosta del recorrido.

Por suerte, en Monfragüe no todos estos bosques están dentro de zonas de reserva no visitables, de hecho, la magnífica fresneda del Arroyo Malvecino se puede visitar desde Villarreal de San Carlos en un corto paseo. Para esto también están los Parques Nacionales.

El Arroyo Malvecino es un cauce modesto, que sufre un fuerte estiaje que impide que los alisos desplacen a los fresnos. Además, en un corto tramo podemos ver distintas morfologías de cauce: de tranquilo arroyo de aguas lentas, pasando por remansos con pocetas, a pequeña garganta encajada, que permite la formación de bellas comunidades colgantes de helechos y hepáticas sobre las rocas rezumantes situadas sobre el cauce. En todos estos tramos los fresnos son la especie dominante con ejemplares de todas las edades, entre los que sobresale un puñado de árboles notables con su porte natural, junto a otros viejos que muestran la huella de antiguos desmoches y avenidas. En algunos tramos la densidad de fresnos crea un ambiente umbroso y fresco, con troncos cubiertos de musgos y suelos tapizados de Flor de jarro. Junto a ellos se encuentran algunos almeces, viejas lianas de Parra silvestre y un cordón espinoso de tamujos, acompañante típico de estas fresnedas del suroeste ibérico y que, por exceso de ramoneo, apenas si muestran los típicos tonos rojizos de las yemas de esta especie durante el invierno. No faltan tampoco los juncales de Junco churrero, ni los verdes vallicares con Menta de burro en las orillas, que atraen a los ciervos como un imán.

Esta Cornicabra es una de las joyas de Monfragüe.

Durante este recorrido también nos cruzaremos con un monumental ejemplar de Cornicabra al atravesar el encinar de ladera. Está al borde del camino, no hay pérdida. Se trata de un ejemplar muy viejo que abandona su madurez para adentrarse en las primeras fases de la senescencia.

lunes, 25 de enero de 2016

De la tradicional, y siempre infructuosa, excursión Treparriscos en La Villuerca.

La del medio de Los Chichos.

Se ha convertido ya en una tradición desde que hace unos 15 años me hablaron de avistamientos de Treparriscos en la cima del pico La Villuerca (1.595 m). No hay invierno desde entonces que no reserve un día para probar suerte.

Debo reconocer que no lo hago del todo convencido, con un abierto espíritu deportivo diría, las varias jornadas con tortícolis por Picos de Europa y los Pirineos hasta que di con el pájaro en cuestión no se olvidan fácilmente y aquí, en Extremadura, es un invernante muy escaso que puede aparecer casi en cualquier sitio, pero es como la ilusión de la Lotería de Navidad. Sin embargo, este año no lo tenía nada claro, las temperaturas tan suaves del invierno no me animaban mucho, la tradición peligraba…y entonces, veo en Facebook una cita de Treparriscos de esta semana en la zona.

La jornada comenzó fuerte ya antes de salir de Cáceres, fuimos a desayunar churros y mi mujer, que desconoce la palabra miedo, pidió como si no hubiera mañana. Tuvimos que sacar la bandera blanca y es que estoy convencido que los churros deben ser un alimento mortal para cualquier ser humano que no tenga miles de años de ancestros en la Península Ibérica, suficientes para que le hayan conferido resistencia a su sistema digestivo.

En La Villuerca, tras el saludo de rigor a los acentores alpinos, lógicamente no vimos ni rastro del Treparriscos, pero eso apenas si me importó pues ya andaba yo bastante preocupado echándole el ojo a las lagartijas que correteaban sobre las rocas (otros años han sido las plantas de las fisuras, o los cambrones, o lo que sea). Aunque estaban muy activas y corrían como demonios me parecieron Podarcis guadarramae subsp. guadarramae, que deben mantener allí arriba una isla rodeada de un mar de Podarcis virescens. Resulta chocante, pero debería haber nieve en esa zona y no lagartijas correteando.

Podarcis guadarramae subsp guadarramae. La Villuerca. 1.595 m.



El fracaso es una buena excusa para un paseo por La Puebla de Guadalupe, que nos hizo olvidar rápidamente al dichoso pajarito.

miércoles, 20 de enero de 2016

Otra vez la Blanca Cacereña.

Vaca Blanca Cacereña. El Caraquino (Cáceres)

No puedo evitar dedicarle unas cuantas líneas a la Blanca cacereña cada vez que me cruzo con ella en el campo (ver otras entrada del blog aquí y aquí), esta vez entre los Llanos de Cáceres y la Sierra de San Pedro, su tierra clásica.


Tampoco puedo evitar pensar sobre el futuro de esta raza amenazada. Pienso que es una pena que esta raza, que genéticamente está más próxima a razas asiáticas que a españolas o europeas, continúe siendo la hermana pobre de nuestras razas autóctonas. Sobre todo porque en ese reservorio genético encontramos características de rusticidad adaptada a la aridez y al alimento pobre que, tal y como van las cosas, haríamos muy bien en no perder. Pero, es que además, todos los que han catado su carne ensalzan sus características diferenciadas y de extremada calidad, que en un mercado cada vez más lleno de productos gourmet podría tener su sitio, pese a su bajo rendimiento. Ahora todo el mundo quiere criar terneras Wagyu que nunca soportarán la comparación con la genuina ternera de Kobe, al igual que un cerdo negro chino nunca será como un ibérico de dehesa. Aunque sólo sea porque en ese tipo de mercados lo original si cuenta.

lunes, 11 de enero de 2016

MOSQUITEROS EN EL JARDÍN, HÉROES O VILLANOS.



Aunque es una práctica mucho más extendida en áreas tropicales, la polinización por parte de los pajarillos en Europa es bien conocida en mosquiteros y currucas. Lo cual no quita para que a uno le haga mucha ilusión poderlo observar directamente desde la ventana de casa.


Llevaba unos días observando un pequeño grupo de 4 mosquiteros comunes que se reunían en torno al ejemplar de Fatsia japonica de casa, que como todos los otoños e inviernos estaba cuajada de flores en sus umbelas. Como pasaban los días y seguían con su costumbre, me puse a observar qué es lo que andaban tramando. Picoteaban las florecillas, imagino que buscando néctar, pero el caso es que no parece que fueran muy beneficiosos para la Fatsia pues, pasado unos días, el suelo estaba cubierto de flores de la planta y no había ni un solo fruto cuajado. Ignoro si los mosquiteros dejaban inútiles las flores, con lo que más que polinizadores serían ladrones, o bien la Fatsia es autoincompatible (no recuerdo haber visto nunca sus bayas negras por casa). 

martes, 29 de diciembre de 2015

¡Feliz Año 2016!



Recorte de una vieja diapositiva de mi padre. Han pasado un montón de años y se han quedado muchos pelos en la gatera (otros muchos simplemente se han caído). Con todo, todavía soy capaz de mantenerle la mirada a ese inquisitivo chaval de 6 ó 7 años. Creo que de momento puede estar tranquilo. Seguir así, al menos otro año más, es lo que le pediré al 2016.


Os invito a que hagáis este ejercicio, con calma.


¡Feliz Año 2016!

jueves, 3 de diciembre de 2015

La Ruta de la Alta Extremadura.

Circo de La Serrá desde el Alto del Castifrío.

Durante décadas esta ha sido la ruta extremeña más famosa entre los montañeros y su prestigio no ha disminuido con los años, pues continua siendo una de las rutas que más aficionados atrae. No es una ruta fácil, más bien podría considerarse como dura, tanto por la longitud (unos 20 km) como por los desniveles acumulados (1.200 m de subida y 1.500 m de descenso). Esto hace que completarla pueda llevar fácilmente más de 9 horas, con alguna pequeña complicación al recorrer Cuerda Mala. Sin embargo, es posible utilizar esta ruta como base para realizar excursiones más cortas como la ascensión a La Covacha, la segunda mayor altitud de Extremadura (2.399 m) o al Alto de Castifrío (2.308 m).

Pero si sus exigencias físicas son elevadas, sus recompensas no lo son en menor grado. No es exagerado decir que nos encontramos ante la ruta de naturaleza más completa de Extremadura y una auténtica obligación para todos aquellos que quieran conocer la parte menos conocida de esta Comunidad: su alta montaña. Esta es una ruta que permite la observación de todas las especialidades de su avifauna de montaña, recorrer todos los hábitats de montaña extremeños, en los que observaremos 10 endemismos gredenses de flora y una buena lista de flora relicta ártico-alpina, sin olvidar las mejores manifestaciones de glaciarismo de la vertiente sur de Gredos.

La Ruta se inicia en el Puerto de Tornavacas (1.275 m), límite entre el Valle del Jerte cacereño y la comarca abulense del Barco de Ávila. En este punto ya es posible disfrutar de una auténtica rareza para estas latitudes, como es el Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio), que tiene aquí uno de sus pocos lugares de reproducción en Extremadura. Cruzaremos también el Cordel del Valle del Jerte, que mantiene sus 47 varas de anchura (37,61 m) y es el segundo paso más utilizado por el ganado trashumante en el Sistema Central. En los primeros años del siglo XXI todavía se llegaban a contar hasta 7.000 cabezas de vacas de raza Avileña por este puerto al año.

Dejando el puerto nos internaremos por el antiguo Camino de Castilla, que unía Guijo de Santa Bárbara con el Puerto de Tornavacas, primero por un pequeño robledal que rápidamente dará paso al piornal y, con él, a la parte más monótona de esta ruta: Collado de la Rebollosa, Sillares (1.518 m), Collado Herido (1.486 m) y, por fin, Collado Cardiel. Aunque actualmente hay una senda que permite atravesar el piornal con comodidad, estas primeras dos horas y media se pueden llegar a hacer aburridas, además superaremos en ellas la mayor parte del desnivel positivo de esta ruta, por eso conviene no olvidar en estos momentos hacia donde nos dirigimos. La presencia de la endémica Alfilerillos (Festuca gredensis) o del Escribano hortelano (Emberiza hortulana) en este tramo no son suficiente consuelo. A partir del Collado Cardiel (1.962 m) las vistas empiezan a ser de gran belleza y también empezaremos a ver pajarillos de alta montaña como el Pechiazul (Luscinia svecica), la Collalba Gris (Oenanthe oenanthe) o el Bisbita alpino (Anthus spinoletta).

Del Collado Cardiel, tras un repecho, llegamos al Mojón Alto (2.155 m). Superados ya los 2.000 m las vistas son espectaculares ahora, con toda la vertiente norte de La Covacha, la Laguna del Barco o el Castifrío. Aparecen también los espinosos cambronales de Echinospartum ibericum y se dejan ver los primeros ejemplares del abundante Gualdoncillo de Gredos (Reseda gredensis), una humilde plantita exclusiva de esta sierra.

Pechiazul.

Del gran hito de piedras de Mojón Alto hasta el Tapadero (2.128 m) discurre el tramo más descansado de la ruta, que permite espectaculares vistas y el disfrute de los pájaros de montaña. También comienzan a ser abundantes las endémicas lagartijas serranas (Iberolacerta cyreni), aunque conviene prestar atención porque por la zona también está presente la Lagartija ibérica noroccidental (Podarcis guadarramae subsp. guadarramae). Con tantas lagartijas no es raro que esta sea una buena zona para encontrar a la exclusiva Víbora hocicuda de Gredos (Vipera latastei subsp. abulensis). Un cartel señala el lugar del Tapadero, aquí, durante generaciones, los mozos de Tornavacas y de los pueblos limítrofes de Ávila se disputaron las aguas del nevero que se forma en la subida al Castifrío y que drena sus aguas por un arroyuelo que discurre por la cuerda. En el Tapadero el arroyo se bifurca, por un lado va a la cacereña Garganta de San Martín y por otro a la abulense Garganta de Galín Gómez. Los mozos tapaban con piedras la bifurcación de los vecinos para hacerse con toda el agua. Según cuentan, aquí se han vivido auténticas batallas campales y aún siendo una mera anécdota, nos debe hacer reflexionar sobre un futuro de escasez de agua.

La Fuente del Tapadero es la única fuente del recorrido que mana durante todo el año y este es un lugar inmejorable para descansar y comer. Podemos aprovechar para investigar por el entorno de estos cervunales y descubrir verdaderas joyas botánicas: las delicadas comunidades vegetales de nacederos y fuentes de Verónica (Veronica serpyllifolia) con la presencia de Violeta palustre (Viola palustris) y la bellísima Estrellita (Saxifraga stellaris subsp. alpigena), una joya de origen ártico que llegó aquí durante las últimas glaciaciones; los prados hidroturbosos con Genciana de turbera (Gentiana pneumonanthe) y Carex furva; los canchales con Centaurea de Gredos (Centaurea avilae), Manzanilla de Gredos (Santolina oblongifolia), Belesa (Senecio pyrenaicus) y Dedalera (Digitalis purpurea subsp. carpetana), entre otras. También es un buen lugar para la observación del Roquero rojo (Monticola saxatilis). Por otro lado, la Cabra montés (Capra pyrenaica subsp. victoriae) ya estará siempre presente durante las próximas horas de recorrido.

Nuestro siguiente objetivo es el alto de Castifrío (2.308 m), para ello subiremos por la cuenca del Tapadero atravesando unas finas gleras donde abunda la bellísima Linaria de los Alpes (Linaria alpina). Precisamente en esta zona de roca suelta debemos extremar nuestro cuidado para seguir el camino trazado, evitando pisotear fuera del camino. Este paso es muy frecuentado y comienzan a verse signos de erosión y daños a las plantas de montaña por no seguir el camino trazado. También podremos observar diques de cuarzo con pequeñas cavidades en las que se formaron cristales de cuarzo. Debido a que la zona se asienta sobre numerosas fallas, de hecho cada valle discurre por una, estos cristales son de cuarzo lechoso con signos de rotura y soldadura por estrés tectónico, con disposiciones aleatorias y crecimientos secundarios, algunos de ellos de diminutos cristales de roca de hasta 1 cm. Una vez en el alto merece la pena desviarse unos metros para coronar el Castifrío y disfrutar sus inmejorables vistas y apreciar uno de los escasos prados de cumbre o psicroxerófilos de Extremadura, donde viven unas pequeñas plantitas almohadilladas, capaces de soportar las condiciones ambientales más extremas de la alta montaña. Aquí entraremos Botón azul rizado (Jasione crispa subsp. centralis), Silene (Silene ciliata), el endémico Clavel de Gredos (Dianthus gredensis), Orejas de monte (Sedum candolleanum), Escobilla (Jurinea humilis) y Minuartia (Minuartia recurva). En la cara sur del Castifrío aparece un valioso enebral de Enebro rastrero (Juniperus communis subsp. alpina) entre grandes bloques de piedra.

Junta de los arroyos en El Tapadero. Arriba El Castifrío.

Posiblemente el entorno del Castifrío sea el mejor lugar para apreciar el impresionante paisaje glaciar de esta zona. Tenemos bajo nosotros el valle de la Serrá, la mejor manifestación de glaciarismo en la vertiente sur de Gredos. Son bien visibles su valle en forma de U, su morrena lateral, los arcos morrénicos del fondo y el circo. Este complejo glaciar llegó a alcanzar los 6,5 km de longitud, con espesores de hielo de hasta 200 m. A nuestra espalda está el complejo glaciar de Castifrío, con una cuenca de acumulación muy asimétrica debido a la orientación, que llegó a tener una longitud de 3,24 km, con espesores de hasta 150 m. En las épocas más frías estos glaciares llegaron a estar unidos por el Collado de la Llana, e incluso se unieron al impresionante glaciar de la Laguna del Barco, también visible. Son muy patentes, además, las huellas de los procesos periglaciares como las agujas pétreas o perfiles de gelifracción -siendo La Azagalla y el Canchal del Pollo del Losar los dos mejores ejemplos en esta ruta-, las pedreras o derrubios de ladera o las morrenas de nevero.

Tras el Castifrío queda recorrer la Cuerda de las Azagallas hasta el Alto de Azagallas (2.343 m). Es un tramo sobre bloques sin mucha dificultad, aunque hay que tener cuidado para no tropezar. Este es un buen punto para la observación de aves. Aquí podemos ver Acentor alpino (Prunella collaris), que en años con abundantes neveros en la cara norte es posible que anide en Extremadura, Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), en grupos de hasta 40 individuos y Águila real (Aquila chrysaetos). Es este un lugar cada vez más frecuentada por juveniles en dispersión de Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que pueden pasar varios meses aquí. También es una buena zona para la flora endémica amenazada, aunque la presión de la Cabra montés es muy fuerte y las plantas aparecen recomidas y enriscadas. Con todo, aquí podemos ver tres famosos endemismos: Consuelda del Almanzor (Saxifraga pentadactylis subsp. almanzori), Doronico de Gredos (Doronicum kuepferi) y Armeria de roca (Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis). Esta última con algunos ejemplares híbridos con el también endémico Erizo serrano (Armeria caespitosa), muy abundante en la cercana Sierra del Barco. Los bloques sobre los que caminamos son muy buenos para observar al Neverón de Gredos (Chionomys nivalis subsp. abulensis), otra de las joyas de esta sierra. Esta pequeña ratilla nival es otro de esos ejemplos de especies llegados a Extremadura en tiempos más fríos y ahora aislados en las altas cumbres. Si decidimos llegar hasta la Covacha ese es el mejor sitio para su observación, porque allí está más acostumbrado a la gente y es menos tímido. Allí también hemos podido ver a la Comadreja (Mustela nivalis), seguramente en busca de estos gordos topillos.

Linaria alpina.

 En el Alto de Azagallas, podemos optar por continuar hacia la Covacha (2.399 m), la segunda cota más alta de Extremadura o seguir nuestra ruta. Para llegar a la Covacha (menos de 1 hora) tan sólo hay que rodear la espectacular Azagalla (2.369 m) por la cara sur y seguir por la Cuerda de la Covacha. Desde allí podemos observar los magníficos Riscos Morenos del Losar, la Laguna de los Caballeros, la Laguna Negra y la Laguna del Barco. En esta zona también podemos encontrar alguno de los escasos ejemplares extremeños de Gregoria (Androsace vitaliana), una planta que cuenta en la sierra de la Nava con su única población gredense. También llamará nuestra atención la Borrosilla de montaña (Omalotheca supina), una plantita peluda emparentada con las manzanillas, que algunos confunden con el Edelweiss.

Si hemos decidido continuar hasta el Guijo de Santa Bárbara, toda la ruta será ya prácticamente de descenso. Lo primero será bajar a la Portilla del Losar (2.201 m), junto al Canchal del Pollo de Losar, por la denominada Cuerda Mala. Hasta esta portilla la cuerda no hace honor a su nombre y se desciende bien (ahora que hay una vereda entre los piornos). Nos podemos asomar a la vertiente del Losar y así observar, creciendo en las paredes rocosas, algunos ejemplares del más famoso endemismo vegetal de Gredos: la Boca de Dragón de Gredos (Antirrhinum grosii). La Portilla del Losar mantiene otro magnífico prado de cumbres, al final del cual comienza la parte más complicada de la ruta, que es llegar al Estecillo (2.262 m) caminando sobre bloques. Nuestro destino es la Portilla de Jaranda (2.037 m), la puerta de La Vera. Como alternativa, se puede continuar desde el Estecillo hasta el Refugio-Ermita de Nuestra Señora de las Nieves y de allí a Guijo de Santa Bárbara.

El descenso de la Portilla de Jaranda al Guijo de Santa Bárbara nos puede llevar otras 2 horas, pero aquí tendremos ocasión de disfrutar con un buen baño en las aguas de la garganta de Jaranda, con El Trabuquete como lugar más conocido. Pero antes debemos atravesar los restos del poblado de chozos de verano de Pimesaillo, utilizado por los ganaderos hasta comienzo de los años 80 del siglo XX. A lo largo de la bajada encontraremos algunos chozos restaurados. La ruta finaliza en Guijo de Santa Bárbara (878 m), una localidad que conserva el atractivo de la arquitectura serrana verata.

Portada del libro que contiene la ruta descrita.


El libro "Rutas para descubrir Extremadura" ya está disponible en pdf en la página web de la Fundación Xavier de Salas. 

En cualquiera de estos enlaces se puede ver:






En breve también será accesible desde la web de la Dirección General de Turismo.

martes, 3 de noviembre de 2015

La Ruta de Carlos V.

El Puente Nuevo, paraje emblemático de esta ruta.

Debe de ser mi gotita de sangre comunera, como buen placentino, pero Carlos I no es un personaje que me resulte simpático. Con todo, reconozco que, gracias a esos súbditos a los que tan poco respetó, llegó a ser el hombre más poderoso de la Tierra. Por eso, siempre ha resultado tan llamativo entre los historiadores su discreto retiro a Yuste. Para muchos, resulta difícil comprender la elección de ese modesto rincón cacereño, frente al sinfín de lugares de mayor renombre de entre sus vastos dominios. Basta acercarse hoy día allí para entender que, en 1554, Felipe II considerara el lugar como apropiado para acoger a todo un emperador.

La noche del 11 de noviembre de 1556 Carlos I llegó a Tornavacas procedente de Valladolid, en lo que sería su último viaje. Su intención era llegar a Plasencia para desde allí continuar hasta Jarandilla de la Vera, donde el conde de Oropesa le esperaba en su palacio-castillo, hoy convertido en Parador Nacional. Eran otros 5 o 6 días de marcha pero, ante la insistencia del Emperador por llegar cuanto antes, se le ofreció la posibilidad de acortar su viaje a una sola jornada utilizando viejos caminos serranos. No se lo pensó dos veces y con su comitiva de 99 alabarderos, 51 criados y varios mozos de Tornavacas, que actuarían como porteadores, se internó por la sierra de Gredos en dirección a La Vera cruzando el llamado Puerto Nuevo. La comitiva iba precedida de labriegos de Tornavacas, que iban desbrozando el camino. Debió de ser un gran espectáculo y resulta asombroso que completaran la ruta en unas 7 horas, la mayoría de las cuales el Emperador, irascible por la gota, las pasó en brazos o a hombros de los mozos tornavaqueños, que tan sólo quisieron aceptar un pellejo de vino a cambio de sus servicios.

Subida al Collado de La Encinilla.

En 2015 el Consejo de Europa reconoció a las Rutas del Emperador Carlos V, entre las que se encuentra esta en un lugar destacado, como Itinerario Cultural Europeo por su papel en la integración europea. Pero antes de ese reconocimiento, la Ruta de Carlos V ya era conocida popularmente como la más famosa ruta senderista de Extremadura.

Esta ruta es un perfecto complemento a la Ruta de la Alta Extremadura, pues si aquella recorre las zonas de cuerdas de alta montaña con su particular flora y fauna, esta lo hace por laderas y collados de media montaña, dominados por los bosques. Se trata de una ruta exigente por su longitud de unos 26 km, en los que se salvan desniveles acumulados de 920 m positivos y 1.226 m negativos, lo que nos obligará a unas 8-10 horas de marcha y sólo es recomendable para personas en buena forma física. Al margen de esto, la ruta se encuentra perfectamente señalizada (PR-CC-1) y carece de dificultades técnicas. Las gargantas, arroyos y fuentes proporcionan agua a lo largo de casi todo el recorrido, pero es recomendable llevar agua o pastillas potabilizadoras en épocas secas. Aunque lo tradicional es realizar la ruta en noviembre, tal y como hizo el Emperador, la ruta se puede hacer durante todo el año, aunque en invierno puede haber tramos con nieve y nieblas en las proximidades del Collado de las Yeguas (1.482 m), que es la mayor cota de esta ruta. En esta época de días cortos no está de más llevar un frontal en la mochila, por si nos sorprende la noche en el descenso. Siempre he sentido un gran respeto por los nombres serranos, que nunca se ponen con ligereza, y por eso conviene prepararse para la zona del Hornillo si decidimos hacer la ruta durante los meses del verano.

Encinas y cantuesos en el Collado de la Encinilla.

Aunque en la Calle Real de Abajo de Tornavacas se conserva la casa del sirviente Juan Méndez-Dávila, donde pernoctó el Emperador, la Plaza Nueva suele ser el lugar de inicio de esta ruta, para dirigirse desde allí a la Ermita del Humilladero y, tras cruzar el Puente de San Martín, abandonar esta localidad por terrenos aterrazados de cerezos. El ascenso nos irá internado en el bosque, primero por los castañares del Reboldo y después por el magnífico robledal de rebollos (Quercus pyrenaica) del Egido de la Umbría de Jerte, ya dentro de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos. Esta es una de las mejores zonas de Extremadura para la fauna forestal con presencia como nidificantes de rapaces como el Halcón abejero (Pernis apivorus) o el Azor (Accipiter gentilis), así como la presencia de murciélagos forestales tan escasos como el Murciélago ratonero forestal (Myotis bechsteinii) o el Murciélago de bosque (Barbastella barbatellus). La flora de estos bosques tampoco nos dejará indiferentes gracias a la presencia de numerosas orquídeas y vistosas flores como las aguileñas, azafranes serranos, peonías, arenarias, prímulas, toronjiles, gallos, sellos de Salomón, etc. y a las densas macollas de hojas rizadas de la Cañuela o Lastón (Festuca elegans), tan características de estos rebollares carpetanos. Tras unas dos horas de marcha llegamos al Collado de las Losas o de Guijarros Rosas, que cruza la Cuerda de los Lobos. Desde aquí descenderemos, a través del bello robledal de La Venta, hasta uno de los puntos más famosos y clásicos de la ruta, el Puente Nuevo o de Carlos V, que cruza la Garganta de Tres Cerros o Tras el Cerro (llamada de Asperones en su tramo superior y del Infierno en su tramo inferior). Se trata de un bello puente ligeramente alomado de sillería y mampostería de granito, con dos bóvedas de medio punto desiguales. El agua normalmente discurre bajo el ojo de mayor tamaño, de modo que sólo durante algunas grandes avenidas primaverales, tras el deshielo, veremos pasar el agua bajo los dos ojos. Aunque no conserva los petriles, su estado de conservación es excelente, seguramente porque su cimentación apoya directamente sobre afloramientos de granito, lo que ha evitado deformaciones a las bóvedas. Estas aguas trucheras son además refugio, entre otros, de Desmán ibérico (Galemys pyrenaica), Rana patilarga (Rana iberica) y Mirlo acuático (Cinclus cinclus).

Toca ahora afrontar el tramo más duro de la ruta, el ascenso por el camino empedrado que conduce al Collado de la Encinilla. Al pasar la Fuente de Roblehermoso o Robledohermoso el camino se bifurca, debemos continuar por la izquierda. El camino de la derecha conduce al Puente del Carrascal sobre la Garganta Chica o del Collado de las Yeguas. El estrecho sendero va ascendiendo zigzaguente por el Cerro de la Encinilla (1.462 m), donde se mantienen los alcornoques a mayor altitud de Extremadura. El Alcornoque (Quercus suber) es una especie muy escasa en el Valle del Jerte y muchos de estos escasos ejemplares serranos tienen su origen con seguridad en bellotas dispersadas por el Arrendajo (Garrulus glandarius). El Collado de la Encinilla supone un gran contraste con el resto de la ruta, de repente, pisamos rocas que no son granitos y las encinas y cantuesos sustituyen al robledal carpetano, casi parece que recorremos algunos de los riberos del entorno del Tajo o el Almonte.

Los Escalerones.

Los restos de la cultura pastoril trastermitante son muy patentes en esta zona, al margen de los tramos enlosados del camino, aún se mantienen los restos de chozos de verano, majadas de invierno, pasos de arroyos y algunas fuentes. Destacan, junto a la Fuente de Peña Lozana, los restos de una típica majada que, pese a su altitud, se beneficiaba del microclima de esta garganta. Ocupa una vaguada orientada al SW en medio del robledal y está realizada a dos aguas, con mampuestos vistos de granito y grandes esquineras. Presenta corral adosado para guardar el ganado y el típico muro de piedra que rodea la entrada de la vivienda, que carece de ventanas. También se conservan las pequeñas terrazas del huerto y una fresquera entre bolos de granito.

Llevamos ya 4 o 5 horas andando desde que dejamos Tornavacas y llegamos al que probablemente sea el lugar más espectacular del recorrido: Los Escalerones o Escarralones. La Garganta Chica forma aquí un pequeño cañón, al que nos podemos asomar desde un balcón rocoso. Aparecen algunas agujas pétreas y una interesantísima vegetación, donde se mezclan elementos de origen eurosiberiano con elementos típicamente mediterráneos. Podemos encontrar aquí abedules (Betula alba), acebos (Ilex aquifolium) o serbales de cazador (Sorbus aucuparia) copa con copa con almeces (Celtis australis) o madroños (Arbutus unedo). En esta zona, junto con el Arroyo del Piornalego que desciende de la Sierra de Tormantos por la ladera opuesta, se refugia una de las poblaciones de Tejo (Taxus baccata) más saludables de Extremadura. Podemos observar algunos viejos ejemplares desde los Escalerones o, por debajo del sendero, en las paredes rocosas del arroyo que desciende de Peña Lozana. Este paraje es un lugar que sirvió de refugio a un tipo de flora propia de los bosques boreales, que se extendió por la Península Ibérica durante las últimas glaciaciones. Hoy día, esta flora relicta sólo aparece en contados puntos de nuestras montañas. Podemos destacar especies como la Calabacera (Adenostyles alliariae), el Pie de Oso (Heracleum sphondilium), el venenoso Acónito o Matalobos (Aconitum vulparia) o la Fiteuna (Phyteuma spicatum). También aparece en estos rezumaderos el bello endemismo gredense Sedo acampanado (Sedum campanulatum). En los riscos de la ladera que observamos frente al sendero es muy visible una pequeña buitrera de Buitre leonado (Gyps fulvus).

De los Escalerones al Collado de las Yeguas el recorrido es cómodo, sobre todo desde que se instaló la pasarela de la Garganta del Hornillo, junto a la cual crece un magnífico Serbal de cazadores. Muchos senderistas aún recordarán la desagradable sensación de mojarse los pies en pleno invierno a más de 1400 m. El Collado de las Yeguas es el lugar perfecto para un descanso tras unas 5-6 horas de marcha, mientras disfrutamos de unas magníficas vistas. Si miramos hacía La Vera, con Cuacos de Yuste y Jaraíz de la Vera bajo nosotros, las vistas son muy amplias, con las vegas del Tiétar, Campo Arañuelo e incluso el Embalse de Valdecañas y las Villuercas. En su vertiente norte, hacía el Valle del Jerte, sólo vemos montañas, destacando en primer término Peña Lozana (1.642 m), tras la que aparece la cuerda del Torreón, ya en la sierra de Béjar, que es la mayor cota de Extremadura (2.401 m). En su entorno, en terrenos de Aldeanueva de la Vera, se mantiene una de las mejores poblaciones extremeñas del espectacular Narciso trompón (Narcissus pseudonarcissus). Esta población fue tradicionalmente aprovechada como flor cortada, que era vendida en Madrid. Un día al año, mujeres de Aldeanueva de la Vera subían a la sierra a recoger los nardos. Hoy día esta planta se encuentra en regresión y está protegida.

Vertiente norte del Collado de las Yeguas.

Pero sin dudas, si por algo es conocido este collado es por la célebre frase, que según la tradición, pronunció el Emperador al trasponer este puerto:”¡ya no franquearé otro puerto que el de la muerte!”

Al internarnos en La Vera abandonamos la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, pero continuamos dentro de un espacio de la Red Natura 2000. El tramo inicial de bajada, hasta llegar al cruce de la bella Garganta del Yedrón, es el más exigente, descendiendo más de 500 m en tan corto espacio. El paisaje verato ahora muestra sus diferencias con el del Valle del Jerte, abierto a la llanura del río Tiétar y con un clima más suave, parece menos agreste, más domesticado, aunque con la indudable belleza de los mosaicos de vegetación.

Todavía atravesaremos algunos buenos tramos de bosque, como el de Los Vínculos, antes de cruzar la carretera local de Aldeanueva de la Vera a Guijo de Santa Bárbara, donde el Ciervo volante (Lucanus cervus) es muy abundante, al igual que las rapaces y murciélagos forestales. Tras cruzar la Garganta de Jaranda por el denominado Puente de los Palos se alcanza el final de la ruta en el Castillo de los Condes de Oropesa de Jarandilla. Es el momento perfecto para buscar un lugar donde darse un homenaje que recomponga nuestro agotado organismo y la cocina verata, con indudables raíces serranas, sabe mucho de esto.


Para aquellos que deseen completar el recorrido por Extremadura de Carlos V, o para los que no se sientan con fuerza para completar la Ruta de Carlos V, puede ser interesante combinar esta ruta con otra mucho más suave, que ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, denominada Ruta del Emperador Carlos V, que discurre entre Jarandilla y el Monasterio de Yuste. Se realiza en febrero, tal y como la realizó el Emperador el 3 de febrero de 1557.

Portada del nuevo libro.


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